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Cinco importantes avances en la medicina descubiertos por accidente

11 minutos

El gasto mundial en Investigación y Desarrollo (I+D) alcanza casi los 1,7 billones de dólares estadounidenses. Además, dentro de la Agenda 2030, los países se han comprometido a aumentar considerablemente esta cantidad. De estas cifras se podría concluir que todo avance científico se produce gracias a esta inversión. Pero no es así. En este post os presentamos hasta cinco importantes avances en medicina descubiertos por accidente.

Además, pese a que pueda parecer un hecho del pasado, cuando la tecnología aún no estaba tan desarrollada, la realidad es que los descubrimientos accidentales siguen pasando en la actualidad. Hasta la fecha, la dosis de la vacuna contra la Covid-19 de Oxford-AstraZeneca ha sido el último gran avance científico, descubierto por accidente, en el campo de la salud.

Dosis de la vacuna Oxford-AstraZeneca

Junto a Pfizer y Moderna, la vacuna de AstraZeneca ha sido una de las más inoculadas para erradicar la pandemia de la Covid-19. Inicialmente, tras las dos primeras dosis de la vacuna en los ensayos en Brasil y Sudáfrica, la protección frente a la enfermedad ascendía hasta el 62%, un buen resultado, aunque aún lejos del 95% de efectividad de sus competidores.

Sin embargo, un error en el ensayo en Reino Unido provocó que los participantes del ensayo recibieran solo la mitad de la dosis en el primer pinchazo y la dosis completa en el segundo. Para sorpresa de los investigadores, la protección de la vacuna con las dosis erróneas ascendió hasta el 90%, frente al 62% de las dosis que se habían indicado previo a los ensayos.

Prueba de Papanicolau

Georgios Papanicolau ha pasado a la historia de la ciencia por su descubrimiento para la detección del cáncer en el cuello del útero. Tal es así, que la prueba sigue manteniendo su nombre: Test de Papanicolau. Aunque la realidad es que su avance fue encontrado por casualidad.

En 1923, este científico griego investigaba en amigas de su mujer acerca de la posibilidad de determinar los cambios celulares que ocurren en el cuerpo femenino durante los ciclos menstruales. Esto ya había podido probarlo previamente en los conejillos de indias con los que investigaba.

El estudio lo realizaba a través del flujo vaginal de las mujeres. Así, consiguió identificar con claridad la presencia de células cancerosas en la prueba de una mujer con cáncer de útero. En la actualidad, la recogida de este fluido se sigue utilizando para la detección precoz de este tipo de cáncer.  

Radiografías

Wilhelm Röntgen estaba estudiando el funcionamiento de los rayos catódicos, que son corrientes de electrodos en tubos de vacío, cuando se percató de la existencia de unos rayos que atravesaban otros materiales, como el cartón. Dado el desconocimiento de su existencia, los llamó Rayos X.

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Para demostrar esta capacidad, Röntgen usó la mano de su mujer. Su uso se expandió y pronto comenzó a utilizarse en tejidos humanos, aun desconociendo el daño que provocaba. Científicos reputados como Thomas Edison empezaron a sufrir síntomas similares a los de la radiación. Un año después del hallazgo, científicos de Europa y Estados Unidos ya usaban los Rayos X para diagnosticar las fisuras, encontrar objetos ingeridos y demás.

Penicilina

El descubrimiento de la penicilina tuvo lugar en 1928 y fue obra de Alexander Fleming. El famoso doctor estaba investigando con la bacteria Sthapylococcus cuando se marchó de vacaciones en verano. A su regreso, Fleming descubrió por sorpresa que en uno de los bancos de cultivo de la bacteria no había crecido nada. Salvo una cosa: una colonia de hongos que fue bautizada después como penicilina.

Sin embargo, no fue Fleming el primero en probarlo para tratar una infección bacteriana, aunque sí gracias a él. Este doctor y científico británico puso su descubrimiento en manos de todo aquel interesado. Uno de sus alumnos, en 1930, fue el ejecutor de esta prueba contra las infecciones bacterianas. La respuesta tan positiva provocó que solamente una década después, la penicilina se estuviese produciendo en todo el mundo en cantidades masivas, probando así su eficacia en pacientes.  

Úlceras estomacales

La bacteria H Pylori reside en el estómago y es la causa de las úlceras estomacales. Hasta este descubrimiento, la sociedad médica y científica creía que esta enfermedad se debía al estrés y la ingesta de determinados alimentos. En cambio, Marshall y Warren, en 1928, lograron demostrar que no era así.

Ambos se encontraban estudiando las paredes del estómago y a varios enfermos con problemas gástricos. Un oportuno fin de semana de Pascua obligó a dejar las bacterias en el laboratorio durante esos días. Con la vuelta al trabajo, Marshall y Warren notificaron la presencia de una bacteria desconocida hasta entonces, debido al crecimiento más lento de ésta. Habían descubierto el motivo de las úlceras estomacales: la Helicobacter Pylori.

Sin embargo, la comunidad les rechazó la tesis. Por ello, Marshall decidió tragarse la bacteria e infectarse con ella. Poco después, los síntomas de las úlceras estomacales se hicieron visibles y tuvo que comenzar un tratamiento con antibióticos. Fue así como logró que el descubrimiento fuese dado por válido y por el que, en 2005, se les otorgó el Premio Nobel en Medicina.

La inversión en investigaciones sigue siendo esencial, y su importancia aumenta con los años. En cambio, casualidades de la vida o no, grandes e importantes avances científicos de la historia se produjeron por accidente. 

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