Importancia del consentimiento informado en odontología

Condena parcial por la falta de consentimiento informado en odontología

9 minutos

Uniteco pone a disposición de nuestros asegurados nuestra web para que todo aquel interesado puede compartir su siniestro con todos los médicos. Si deseas que contemos tu caso escríbenos a comunicacion@unitecoprofesional.es. De la misma manera que hacemos con las opiniones que nos llegan respetaremos tu anonimato usando tus iniciales. En esta primera historia, contamos qué supuso no firmar el consentimiento informado en odontología por un paciente referido por su propio hermano.

Odontología: un profesional es demandado por ausencia del CI

Estimados compañeros, antes de contar mi historia personal, me gustaría dar las gracias a los redactores de Uniteco por dejarme compartir con el resto de mis compañeros la experiencia sufrida como consecuencia de una reclamación realizada por un paciente.

Agradecer igualmente a Uniteco por la ayuda y paciencia que me prestaron cuando sufrí esta reclamación. Lo cierto es que estaba un poco perdido al ser la primera vez que sufría una demanda y me facilitaron todos los medios para mi defensa. Finalmente, también agradecer a mi abogado. Se convirtió en mi ‘confesor’, y, pese a que me iba avisando de todos los pasos, yo no quería creerle.

Sólo quiero contar una experiencia sufrida por si pudiera servir a otros compañeros y protegernos de esta oleada de reclamaciones y abusos que venimos sufriendo los profesionales que nos dedicamos al ámbito sanitario.

Soy un odontólogo de 43 años que tiene una típica consulta en Madrid, en ella trabajan otros dos especialistas más y una auxiliar.

El caso que nos ocupa se dio hace 2 años con un paciente que era amigo de mi hermano menor. Este acudió a la consulta pues tenía dolor de la pieza 3.7, por lo que, tras estudio y preparación, se decidió su extracción.

Ni el primer día que le vi, ni el día de la extracción le di el famoso consentimiento informado escrito. Documento del que muchas veces oímos hablar y al cual no le damos ninguna importancia, ya sea por confianza con el paciente, como era el caso, como en ocasiones porque creemos que podemos perder a un futuro paciente y la necesaria facturación. Bueno, solo puedo deciros que a partir de esta mala experiencia procedí a implantar en mi consulta un riguroso protocolo de información a los pacientes con el fin de evitar todos los problemas y costes derivados de la ausencia de dicho documento en la historia clínica.

La extracción fue complicada pero nada fuera de lo común, aunque lo cierto es que el paciente empezó a quejarse de sufrir una parestesia. A partir de ese momento, y a pesar de los tratamientos que le prescribí, el dolor no desapareció.

Comenzaron 4 meses de amenazas constantes, en el cual me requería el ‘amigo’ que le tenía que indemnizar, además de también tener problemas con mi hermano como consecuencia de esta situación.

Reclamaciones a odontólogos por falta de consentimiento informado

Demanda por falta de consentimiento informado en odontología

Finalmente, me llegó una demanda en la cual me reclamaban la nada desdeñable cantidad de 25.000€. La seguridad que uno tiene cuando realiza una intervención desaparece cuando recibes una reclamación. De repente, parece que todo tiene salvedades y que todo se puede mejorar. Si hubiera hecho esto, si esto otro, etcétera. Menos mal que el seguro que tenía en Uniteco me cubría la condena aunque existiera ausencia de consentimiento informado. Pronto comencé a notar el dolor de cabeza que supone sufrir una reclamación judicial.

Como consecuencia de la demanda, durante los primeros 20 días para contestar a la demanda al menos perdía 1 o 2 horas diarias. Pensaba en lo absurdo de la reclamación y la injusticia de la misma. Me reuní en el despacho de abogados para preparar la defensa frente a la demanda, perdiendo una tarde de consulta. Pero lo peor fue el juicio. No solo tardó un año en señalarse fecha de juicio, un año comiéndome la cabeza, sino que, además, la primera vez se suspendió por un error en las citaciones del juzgado, perdiendo en esta ocasión una tarde previa para la preparación y todo un día de consulta.

Finalmente, en la segunda cita sí hubo juicio. Pronto descubrí que allí no importaba la técnica, las pruebas o la actuación. Solamente era relevante el dichoso papel: el consentimiento informado. Recuerdo cómo, en la fase que los abogados llaman ‘de conclusiones’, el abogado del paciente estuvo más de 25 minutos hablando del famoso papel.

El resultado final fue una sentencia parcialmente condenatoria. Aunque ya me había avisado mi abogado prediciendo que el motivo de la condena sería la falta de información. Yo no le creía, pero así fue. A las tres semanas me llegó la sentencia que me obligaba a pagar 5.000€, que cumplió mi seguro. La sentencia decía que no había una técnica incorrecta pero que la falta de dicho documento ya supone de por sí una mala praxis.

Consecuencias de una reclamación contra un médico

Teóricamente, el resultado se entendería como bueno pues de 25.000€ sólo se tuvo que pagar el 20%. Lo cierto es que yo no lo sentí así.

Como consecuencia de la reclamación, durante mucho tiempo, la relación con mi hermano se enturbió. Además, durante el tiempo que duró el procedimiento me invadía un sentimiento de inseguridad en determinadas ocasiones que me paralizaba y me bloqueaba. Pero lo peor es la cantidad de tiempo, la intranquilidad manifiesta y el dinero que el procedimiento me costó pues había perdido mucho trabajo para preparar la defensa con mis abogados. La consulta la tuve que tener dos mañanas cerrada por los juicios, perdiendo no solo clientes, sino que tuve que pagar a mis empleados sin que estuvieran realizando su trabajo y facturando.

Aproximadamente, calculo que las pérdidas fueron de entre 3.000€ y 6.000€ y todo por la confianza del paciente y el no hacerle firmar un documento en el cual se le dice al paciente que está informado de sus riesgos. La pérdida de 15 minutos o un paciente que no me hubiera pagado más de 150€ me hizo perder personal y económicamente.

Por tanto, la moraleja de esta experiencia sería que no lo penséis, informad siempre al paciente, consignarlo en una buena historia clínica y guardar el documento de consentimiento informado como oro en paño. Si un paciente no lo quiere firmar es preferible no actuar, pues sino os puede pasar como a mí, y sufrir una mala experiencia que jamás olvidaré.

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