Condenan a un internista a 4 años de cárcel por realizar sedaciones fuera de protocolo

Condenan a un internista a 4 años de cárcel por realizar sedaciones fuera de protocolo

Hoy nos hemos despertado con la impactante noticia de un médico internista de Burgos que ha sido condenado a 4,5 años de prisión, 5 años de inhabilitación profesional y al pago de una indemnización de 121.000 euros -106.000 euros a la primera víctima y 15.000 euros a la segunda-, por dos sedaciones fuera de protocolo entre los años 2014 y 2015, cuando era jefe de servicio del Hospital de Burgos.

El Juzgado de lo Penal número 2 de Burgos le considera autor de un delito de homicidio por imprudencia profesional grave y de otro de lesiones. Por el primero de ellos, el Juzgado le condena a cuatro años de prisión, 5 años de inhabilitación profesional y una indemnización de 106.000 euros a los hijos de la víctima, con una aseguradora como responsable civil directa que, además, deberá hacerse cargo de los intereses, y a la Consejería de Sanidad de Castilla y León como responsable civil subsidiaria. Por el segundo delito ha sido condenado a 5 meses de prisión, 3 de inhabilitación y 15.000 euros de indemnización a los sobrinos de la víctima, con iguales responsables civil y subsidiario.

Solo en un trimestre el facultativo realizó más de 170 sedaciones, de las cuales 21 se consideraban fuera de protocolo, aunque únicamente ha sido juzgado por dos de ellas al denunciar los familiares que no se les había solicitado su consentimiento previo.

La primera paciente padecía una enfermedad neurológica degenerativa y una pancreatitis entre otras patologías, por las cuales tuvo que ingresar en el hospital hasta en siete ocasiones en un año. El facultativo aseguró que los hijos de la víctima le dieron su consentimiento para sedarla ya que padecía fuertes dolores abdominales. Falleció pocos días después.

El segundo paciente ingresó en Urgencias debido a un tumor que, unido a una neumonía, impedían el correcto funcionamiento de uno de sus pulmones. Se trataba de un paciente de avanzada edad, sordo, ciego e impedido físicamente, que no podía decidir sobre su sedación al considerarle desorientado en tiempo y espacio. El doctor declaró en la vista que la familia le pidió que no sufriera y que no se le practicaran más pruebas, sin embargo, otro familiar solicitó que se le retirara la sedación, por lo que recibió el alta hospitalaria unos días después. El paciente volvió a ingresar un mes más tarde a causa de las mismas dolencias y falleció.

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