
La medicina integrativa nace como respuesta al tratamiento de numerosas enfermedades crónicas, aunando los medios de que dispone la medicina convencional y la medicina natural. También fomenta una mayor participación del paciente en la toma de decisiones relativas al tratamiento que se le va a administrar.
La unificación que supone la medicina integrativa
La medicina integrativa pretende abordar, al mismo tiempo, los aspectos fisiológicos, nutricionales y psicológicos de los pacientes. Uno de sus objetivos es reducir, en determinados casos, la utilización de medicamentos o técnicas convencionales por otras menos invasivas o naturales. En principio, estas alternativas pueden parecer carentes de riesgo, aunque no siempre es así.
Entre las técnicas que utiliza la medicina integrativa encontramos la acupuntura y la homeopatía, dos de las prácticas más conocidas y reconocidas a nivel social.
Por un lado, la homeopatía está basada su doctrina de «lo similar cura lo similar». Es decir, según la homeopatía, una sustancia capaz de curar los síntomas de una enfermedad en personas sanas, hará lo propio en personas enfermas. Se centra en aliviar los síntomas.
Mientras que, el objetivo de la acupuntura, es reducir el dolor mediante la inserción de agujas metálicas estériles. Su uso más habitual es tratar dolores crónicos, como la artritis, la artrosis, la cervicalgia o los dolores lumbares.
La importancia de regular la medicina integrativa
Como todo acto médico, no está exento de riesgos, por lo que estas técnicas deben estar debidamente reguladas y el paciente debe estar informado de las consecuencias de su elección. Un retraso en la elección de una u otra técnica puede llevar a una pérdida de oportunidad, tanto en la medicina convencional como en la integrativa.
En relación a la acupuntura, existen numerosas hojas de consentimiento informado que, aunque presentan algunas deficiencias en su redacción, ponen de manifiesto los beneficios y riesgos de esta técnica. Entre ellos, la posibilidad de sufrir molestias locales, mareos, somnolencia o sangrado leve con aparición de hematoma. Entre los riesgos más graves se encuentran el neumotórax, la rotura de una aguja o la pericondritis del pabellón ocular.
Estos riesgos nos demuestran que la medicina integrativa debe regularse convenientemente si pretende darse a conocer al gran público y aspirar a formar parte del Sistema Nacional de Salud.
La creciente incorporación de la medicina integrativa puede suponer la introducción de nuevas situaciones relativas al traslado de información, las cuales deben ser objeto de estudio y atención. El consentimiento informado es tan importante a la hora de aplicar estas técnicas como lo es en la medicina más tradicional, por el simple hecho de tratarse de actos médicos que conllevan unos riesgos, aunque sean mínimos.



