
Negligencia médica y pérdida de oportunidad: reclaman 178.000€ por retraso diagnóstico que acabó en fallecimiento
Los familiares de un paciente fallecido interpusieron una demanda por negligencia médica contra su médico y la aseguradora de Salud para la que trabajaba, reclamando 178.000€. Alegaban que el fallecimieno se debió a un error durante una cirugía de resección de una tumoración en la tibia derecha.
Según alegaron los demandantes, no se realizó un análisis anatomopatológico de la pieza extirpada, a pesar de que formaba parte del protocolo quirúrgico. Según su exposición, se extendió y retrasó un cáncer que acabó en metástasis y provocó el fallecimiento del paciente. La demanda defiende que el retraso diagnóstico de cinco años hizo que el paciente tuviera una gran pérdida de oportunidad.
¿Hubo negligencia médica en la actuación del profesional?
La aseguradora, en su contestación a la demanda, expuso que no tenía capacidad de decisión en las actuaciones llevadas a cabo por los facultativos y que el contrato de seguro suscrito entre el paciente y la entidad se limitaba a la prestación de servicios sanitarios. No obstante, valoró la praxis de manera concreta, tal y como hizo el médico, exponiendo ambos que no se podía relacionar la ausencia del informe de anatomía patológica con el diagnóstico que se le dio cinco años después, ya que, además de ser un análisis ex post de los hechos, es decir, que no tenía en cuenta los datos que se tenían en el momento de la intervención, estaba basado en suposiciones sin carácter científico.
Además, indicaron que en el momento de la intervención no había signos de malignidad en las pruebas de imagen. La lesión era ósea, sin afectación de partes blandas, y el paciente no precisó asistencia médica relacionada con la cirugía hasta cinco años después. Esto indicaría que no padecía un sarcoma en el momento de la operación.
Revisión de los informes periciales
Los informes periciales presentados por la defensa indicaron que la lesión por la que fue intervenido el paciente —diagnosticada como displasia fibrosa mediante pruebas de imagen— tenía carácter benigno en el momento de la cirugía. La malignización se produjo cinco años más tarde, lo que descartaría una actuación negligente en el momento de la intervención.
Un año después de la operación, el paciente acudió por dolor en las rótulas, pero la artroscopia realizada no mostró signos de malignidad. Además, las imágenes iniciales no presentaban rotura de corticales ni invasión de partes blandas, a diferencia de la resonancia magnética practicada cinco años después.
Sentencia judicial: sin pruebas de negligencia médica
La sentencia de Primera Instancia daba más credibilidad a los informes aportados por parte de la aseguradora y del médico demandado. Había datos en el informe y exposiciones realizadas durante el juicio que hacían dudar que el paciente presentara la patología en el momento de la intervención.
Por ello, el juez concluyó que no se había demostrado la relación de causalidad entre el acto médico y el fallecimiento, ya que los síntomas eransobre todo porque los síntomas de uno y otro momento eran totalmente diferentes.
El paciente acudió a la consulta del traumatólogo por un dolor bilateral de rodilla que no existía sin movimiento, por ello no había certeza de que el dolor tuviera que ver con ese hallazgo casual de imagen osteolítica en el tercio medio proximal de la tibia con adelgazamiento de cortical.Asimismo, en dicha imagen no constaban signos de malignidad, pues no había rotura de corticales ni se invadían partes blandas, a diferencia de lo que se apreció en la resonancia magnética practicada cinco años después. Malignidad que tampoco apreció el médico al realizar la intervención.
La Audiencia Provincial lo ratifica
La familia del paciente interpuso un recurso de apelación ante la Audiencia Provincial, que, por su parte, desarrolló lo anteriormente expuesto por el juez de Primera Instancia.
La Audiencia Provincial ratificó esta conclusión tras el recurso de apelación. Destacó que la intervención quirúrgica permitió evitar la rotura ósea y que el paciente no experimentó dolor durante cinco años, lo que reforzaba el carácter benigno de la lesión inicial. Por tanto, se desestimó el recurso y se absolvió al médico y a la aseguradora, descartando la existencia de negligencia médica.





